domingo, 30 de agosto de 2009

COMUNICACIÓN PLANA

La conversación que llena espacios de silencio incómodo, que sirve para lubricar las tensiones entre dos personas, esa conversación ritual pero aburrida, llena de generalidades, inexactitudes y verdades obvias, mata pero salva.
Hay tres tipos de personas: quienes no se dan cuenta que están participando en una conversación plana y recurren constantemente a ella; quienes se dan cuenta y lo hacen de todas formas porque es la única manera de superar la tensión social; y quienes mantienen el principio de nunca entrarle a estas conversaciones y entonces caen en la pedantería de poner tensos al resto.
Negarse a platicar del clima, de las mascotas, de las cosas obvias como "estudiar es una inversión", y "el país está cada vez más peligroso", es también asumir una posición plana y unidimensional del mundo social. Esto es porque una persona que se "sale" de la norma (al no participar en conversaciones planas) pero sigue utilizando el mismo espacio para interactuar (al iniciar otro tipo de conversaciones) está sólo cambiando la forma y no el fondo. El fondo del asunto es evitar que la comunicación sea plana, y no puedes solucionarlo destruyendo toda la comunicación que hay entre tí y alguien más al tomar medidas unilaterales. Por más aburrida que sea una conversación plana, se puede aprovechar para diseñar estrategias de acercamiento para finalmente decir lo que quieres decir, sólo que esta vez la gente te escuchará porque respetaste su espacio. Claro, la pregunta ahora es si hablas para que te escuchen o si hablas por hablarl. La segunda es patética. Todos hemos hecho esto, pero quien construye su personalidad así está perdido.

Me topé con una persona que no participa en los rituales idiotas y humanos de cuidar las formas y lubricar las tensiones con palabras vacías. Esta persona no aliviana al que está en frente tratando de "hacer plática". No sólo eso: también dice decir la verdad tal cual es, la oiga quien la oiga. Pero hay un problema. Le tiene sin cuidado la relación entre los sentimientos y conciencia de quien lo escucha y la "verdad" que pronuncia (la pongo entre comillas porque quien tiene la tarea de decir a priori las verdades a la gente, generalmente no escucha y por lo tanto se va debilitando su capacidad de percibir una verdad más integral). Pasa entonces que la persona que lo está "escuchando" (comillas aquí también porque ¿qué tanto puedes escuchar a alguien que no escucha?) se pregunta por qué diablos está perdiendo su tiempo al "escuchar" a este personaje decir inexactitudes. Volvemos al problema inicial al caer en conversaciones planas, esta vez por la incapacidad de interesar e invitar realmente al receptor a tu conversación. La comunicación falla entonces no por el contenido de lo que se dice (superficialidades en una y verdades a medias en otra) sino por la psicología de quienes participan ahí. Están los asustados sociales que no quieren entrarle a temas tensos y los soberbios que entran a esos temas pero con una incapacidad de escuchar o invitar al otro a la conversación.
Las películas Into the Wild y Grizzly Man hablan de personajes que llevaron hasta sus últimas consecuencias una filosofía de vida de incomunicación total con los demás seres humanos. Por lo menos fueron mucho más coherentes con lo que odiaban de la humanidad. Se alejaron de todo y se fueron a vivir al bosque de Alaska, solos. Murieron solos. En Into the Wild el personaje escribe antes de morir: "happiness only real when shared". ¿Necesitamos corroborar nuestra felicidad o nuestra idea de la verdad con alguien más para que sean reales? En la primera no lo sé, en la segunda creo que sí. La verdad es compartida siempre porque se construye a partir de todo lo que te rodea. Si la sustancia de esa verdad eres tú y tu circunstancia, no puedes pretender extraer esa sustancia de la circunstancia y llevartela tú a Alaska, solo, y seguir llamándola verdad. Lo mismo en una conversación.

lunes, 24 de agosto de 2009

La burocracia

¡Es una aplanadora! Llegué hace tres meses a la burocracia con un saquito rosa, pantalón de zara negro, peinado de secadora y rimel. Y eso sólo en cuanto a mi vestimenta.
Sin embargo, hoy mi energía se ha reducido a un nivel de agonía. Adentro de mi cabeza adornada ya de broches que esconden mi melena sin peinar porque ¿para qué la peino?, la burocracia es una aplanadora mental todavía más poderosa. Ni voy a explicar qué pasó entre ese lunes de mayo y hoy porque estaría usando la misma aplanadora para mi blog.
Pero sólo para despertar un poco de humor doy la siguiente conversación: "al oficio de la subsecretaría le falta un número, porfavor regresenlo y avísen que necesito las cifras del comercio bilateral entre Nigeria y México"..."no hay comercio bilateral"..."entonces agarra otras cifras y avisa a Embamex Nigeria esto"..."están de vacaciones"..."mmm, esperemos entonces. No queda de otra."
Y la pregunta es, ¿en serio no queda de otra? La lección más importante de mis tres meses de trabajo es ésta: hacer es mucho más difícil que criticar. Es obvia, pero es muy fuerte vivirla. Es obvio que la burocracia es lenta, ¿no? ¿Y qué tan obvio es que, una vez que trabajas ahí, te vuelves igual de lenta?
Chale. No quiero ser así. No quiero convertirme y ya lo estoy haciendo. Ya comparto el bostezo de quien critiqué ese primer día que llegué y lo ví echando la hueva en su oficina viendo presentaciones chafas de powerpoint que algún familiar le envió. Pensé "qué horror, qué falta de ética. ¿cómo duerme en las noches recibiendo un cheque por hacer esto en sus horas laborales?"
No sé su respuesta, pero por experiencia -ahora personal-, la respuesta es sencilla: "Fácil." De hecho se duerme muy rico. Es más-te da un sueño increíble. Empiezas a querer estar en tu cama desde las 9am, hora a la que entras a trabajar. Bueno, se SUPONE que es a las nueve pero empiezas a llegar un poquito tarde porque todos se van tarde, y a las 9 nadie se atreve a hablar por teléfono y buscarte porque entre las 9 a las 10 no existes.
Luego de las 10 empiezas a luchar forzadamente por salir del inframundo. Para lograr empezar a trabajar, siempre vas de lo más fácil y lo menos trascendente (checar twitter, facebook y mail personal) a lo importante (correo institucional) y, ya si estamos con una taza de café en mano y pensando que eres la persona más irresponsable del mundo, entonces pasas a lo urgente. ¿Las tareas importantes? Los oficios. Pero ojo: no puedes ver la fecha en que ese oficio (con etiqueta de "extraurgente") empezó a circular, porque sufres una enorme decepción del significado de "extraurgente". Me cae que Marco Polo enviaba un mensaje más rápido a Europa. Puff, se desinfla el tiempo, la urgencia, y con eso se te desinflan las ganas de acelerar el proceso. Es el huevo y la gallina: si el huevo tarda mucho en salir, la gallina deja de pujar. ¿Y cuál es primero? Pues quién sabe.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Puff esto de la constancia no se me da.